¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!
(Isaías 5:20)

He leído muchos comentarios de creyentes y no creyentes referente al tema de la celebración de Halloween y muertos. Cada uno de ellos desde su postura y percepción comentan lo bueno y lo malo del asunto. Del porque sí se debe celebrar, del porque no se debe celebrar, e incluso la bien intencionada opción de compartir el Evangelio con aquellos que promueven las ya mencionadas celebraciones a los muertos o la muerte.

Pero la pregunta aquí es. ¿Qué dice Dios al respecto?.

La Palabra de Dios es la fuente de autoridad para creyentes y para no creyentes, aunque éstos últimos no lo sepan o lo nieguen. Y es en ella donde se nos habla claramente que la muerte es un enemigo de Dios, la cual entró a la humanidad por la desobediencia de nuestros 1ros Padres Adán y Eva.

Todo creyente debe ver la muerte como Dios la ve, un enemigo vencido por Cristo, y al final de los tiempos cuando todos los enemigos de Dios sean puestos por estrado de sus pies, el postrer enemigo destruido será la muerte. Será lanzada al lago de fuego.

Si bien para el cristiano la muerte (separación del cuerpo) es ganancia para estar presentes al Señor Jesucristo, la muerte (ídolo o dios), debe ser aborrecido por la iglesia. Es importante hacer la diferencia del concepto de la muerte, pues no siempre hablamos de lo mismo.

Cuando un creyente participa con la muerte (ídolo o dios) en cualquier capacidad entonces está participando de las obras infructuosas de las tinieblas en lugar de reprenderlas, además de que se convierte en amigo del enemigo de Dios.

Da igual si es de orígen pagano o no, el simple hecho de que Dios llame a la muerte su enemigo, nos debe bastar como iglesia, para ni siquiera considerar alguna empatía.

Por ende aunque la iglesia tiene un rol activo con las personas de éste mundo a través del evangelismo, la iglesia no debe participar de las obras del mundo, a través de tener cierta simpatía o aceptación a las prácticas de las tinieblas, por que nos parezcan inofensivas.

Finalmente Cristo el Señor miró cara a cara a la muerte, pero ésta no le pudo retener, ya que nuestro Señor era y es sin culpa, es santo. Por lo tanto la muerte ha sido vencida, y la iglesia sólo debe regocijarse en la victoria que Cristo obtuvo y proclamó, aún cuando estuvo en las partes más profundas de la tierra antes de su resurrección en poder y gloria.

Amados. Vistamonos las armas de la luz, y seamos sal y luz, no lo que contamine éste mundo.

SOLO A DIOS SEA LA GLORIA

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