En este tiempo de cuarentena, la Iglesia NO está de vacaciones. Incluso, veo esta situación como lo más cerca que puedo pensar de lo que pudiera ser una iglesia bajo disciplina. Pensemos un momento:

◦ Dios nos ordenó congregarnos (Hebreos 10:25), pero no podemos, ni debemos hacerlo en las circunstancias actuales.
◦ Cristo nos pidió que celebráramos la Santa Cena en memoria de Él con cierta regularidad (Lucas 22:19; 1 Corintios 11:24-25), pero no podemos hacerlo; no sería sabio.
◦ El Señor nos ordenó que hiciésemos discípulos y que los bautizáramos en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo como vemos en Mateo 28 en el texto de la Gran Comisión. Pero estamos impedidos y por buena razón.
◦ Dios desea que adoremos corporativamente (Efesios 5:19), pero ahora mismo las condiciones actuales no lo permiten.
◦ Debemos llorar con los que lloran (Romanos 12:15), pero no podemos hacer funerales y llorar con lo que están llorando por la muerte de un ser querido. El hacer esto podría aumentar el riesgo de transmisión del COVID-19, ya que el virus se encuentra en las lagrimas.

La Palabra de Dios está saliendo vía Internet porque Su palabra nunca será encadenada, pero no estamos siendo iglesia al presente. Como Dios es quien controla todos los eventos de Su universo, es Dios quien ha sometido Su iglesia a estas condiciones. Aún así, no debemos tomar la situación a la ligera. ¡Despierta, Iglesia!

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